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Como ya comentamos en el artículo Ejercicios recomendados tras el parto, los recién nacidos requieren atención las 24 horas del día. Durante las dos primeras semanas es posible que la madre experimente cambios leves en el estado de ánimo, preocupación, infelicidad y, sobre todo, agotamiento: es lo que se denomina baby blues o tristeza posparto. El profesional de la salud sabe que, transcurridas dos semanas tras el nacimiento de la criatura, si esos sentimientos y emociones se agudizan o persisten, es posible que la madre padezca depresión posparto. Y es muy importante que reciban tratamiento médico y cuidados por parte de su entorno más cercano (1).
La tristeza puede ser la punta del iceberg de ese trastorno frecuente y grave del estado de ánimo llamado depresión. Una persona deprimida también manifiesta síntomas físicos (dolor y malestar), cefaleas, calambres, dificultad para dormir y levantarse por las mañanas, cansancio o problemas digestivos. Intentar ser positivo o animarse, esforzarse por sentirse mejor no es suficiente, se requiere atención médica, cuidados de la salud y comprensión en su entorno más cercano. La depresión no es un estado de debilidad, es un trastorno que requiere tratamiento multidisciplinar (2).
A parte del tratamiento farmacológico y psicoterapéutico, practicar ejercicio físico y llevar una alimentación saludable son complementos al tratamiento de la depresión recomendados en la Guía de Práctica Clínica (GPC) sobre el Manejo de la Depresión en el Adulto (3).
Una inadecuada alimentación está relacionada con el aumento de trastornos del estado de ánimo (ansiedad, depresión, etc.). Cada vez hay más evidencia científica que lo demuestra.
Lípidos, aminoácidos, vitaminas y minerales conforman la estructura, composición y función del cerebro humano. Una dieta pobre en estos nutrientes impactará negativamente en nuestra función cerebral. De ahí la relación positiva entre dieta variada (y nutritiva) y salud mental. De hecho, el impacto de un mayor consumo de frutas y verduras frescas se asocia a un mayor estado de felicidad y mejora de salud mental y sensación de bienestar.
También la composición de la dieta impacta en los neuropéptidos, los neurotransmisores, las hormonas intestinales endógenas y el microbiota intestinal.
Diversos estudios demostraron que la deficiencia de algunas vitaminas y minerales afectan negativamente a la cognición:
Una dieta rica en ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) y vitaminas tienen un impacto favorable en la salud mental, en el rendimiento cognitivo y en el estado de ánimo.
Aunque todavía no hay evidencia científica que relacione a los patrones de dieta saludable con un buen estado de salud mental, hay algunas revisiones sistemáticas que concluyen que dietas como la mediterránea (rica en alimentos vegetales) tienen un factor protector frente a la depresión, en comparación con otros patrones alimentarios, basados en procesados (5).
Así pues, las recomendaciones dietéticas para un buen estado de salud mental serían (6):
Los profesionales de la salud pueden ayudar a prevenir el Baby Blues mediante educación sobre la tristeza postparto, preparando así a las futuras madres frente a los posibles síntomas, preocupantes e inesperados, en un entorno de excitación ante la llegada del futuro bebé.
Explicar a los nuevos progenitores que los síntomas de mal humor son transitorios y comunes.
El profesional de la salud debe preparar, con anticipación, a la futura madre y a su familia, para garantizar que, durante el puerperio, la madre cuente con el apoyo posible y el descanso necesario.
Ese apoyo será la mejor estrategia si se manifiestan los primeros síntomas de Baby Blues: ofrecer un asesoramiento de calidad, conversar con la madre durante el puerperio y estar atentos a las respuestas emocionales.
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